Donaciones de gametos ¿Anónimas o no?

09-09-2020

Sperm donor

La demanda de tratamientos de fertilidad que necesitan de una donación de esperma o de óvulos es cada vez mayor por distintos motivos, entre ellos que las familias cada vez dilantan más en el tiempo la decisión de cuándo tener hijos. 

Sin embargo, el conocido como turismo de fertilidad está creciendo y muchos pacientes salen hacia otros países con una legislación diferente de la del de sus orígenes. Muchos futuros padres tienen que acabar escogiendo si quieren que su donante sea anónimo o no. Vamos a tratar de poner sobre la mesa los pros y contras de ambos tipos de donaciones. 

¿Cuáles son las diferencias entre países?

La donación en Europa tiene poco que ver con lo que podemos ver en las películas. El sistema no anónimo en el que los niños conocen los datos identificativos de sus donantes está establecido en algunos países como Holanda, Suecia, Finlandia o Reino Unido. Es una de las razones por las que algunos pacientes de estos países se marchan fuera para realizarse los tratamientos. 

Portugal fue el último en sumarse en 2018 y desde entonces todos los que donan gametos saben que sus datos personales, nombre y apellidos, estarán a disposición de los niños que nazcan de ellos

Otros países como Rusia, Georgia, Rumanía, Dinamarca o Irlanda utilizan un sistema mixto: los donantes pueden hacerlo desde el anonimato o por el contrario poner sus datos a disposición de los posibles futuros hijos que nacieran de sus gametos. Son las familias que se van a someter a un tratamiento las que escogen qué tipo de donante prefieren. 

Países como Alemania, Suiza o Noruega no contemplan la donación de óvulos, aunque sí la de esperma y en otros como Bosnia está directamente prohibida la donación. 

En el resto de países actualmente trabaja con un sistema de donantes anónimos, que es el más extendido actualmente.

España y la donación anónima 

España es uno de los países con una legislación más completa y clara, lo que la convierte en un destino perfecto para muchos de los que necesitan un tratamiento de fertilidad y en sus países tienen más dificultades. La donación de gametos, que es anónima, está regulada por la Ley de reproducción asistida. Ésta establece que “la donación nunca tendrá un carácter lucrativo o comercial” y el pago sólo se contempla como una compensación por las molestias. 

Una recomendación no vinculante tanto de la Comisión Europea como del Comité de Bioética piden que se rompa el anonimato en las donaciones. Sin embargo no toda la comunidad está de acuerdo. En esta recomendación (que, por otro lado, se haría siempre en las donaciones posteriores, no aplicaría de manera retroactiva) prima el derecho a la identidad de las personas. En España además los niños que son adoptados sí que tienen derecho a conocer quienes son sus padres biológicos. La pregunta que cabe hacerse ¿Es lo mismo? Para algunos estamos en el mismo caso, pero para otros no son situaciones equiparables y según algunos doctores supondría otorgarle demasiado peso en el desarrollo personal a la genética.

En la comunidad médica no existe unanimidad al respecto, aunque la Sociedad Española de Fertilidad (SEF) sí se ha posicionado públicamente en contra de eliminar el anonimato en las donaciones en un documento publicado en octubre de 2019. Entre las razones que se apuntan para no cambiar la legislación tal y como está razones de todo tipo: desde cuestiones filosóficas de epigenética, pasando por cuestiones como la posible interferencia de los donantes en el rol parental. Personas que tal vez fantaseen con una paternidad podrían interferir en la crianza de personas como las madres solteras por elección. También existen cuestiones prácticas como riesgo de descenso de donantes. 

En torno a un 20% de todos los ciclos de fertilidad que se realizan en España corresponden a otros pacientes de otros países. La mayor parte de los pacientes que acuden a España lo hacen desde Reino Unido, Alemania, Francia y Portugal. Algunos de estos países cuentan con prohibición de donación de óvulos (Alemania) y en otros los donantes no anónimos lo que propicia una escasez de donantes (Reino Unido y  Portugal). 

Eliminar el anonimato podría suponer un descenso del ya de por sí exiguo número de posibles donantes. La donación en España es, en la práctica, altruista porque la recompensa económica sólo compensa las molestias y está tasada por el gobierno. España es un país generoso, que está a la cabeza en donaciones de órganos y con los gametos ocurre lo mismo. Pero por lo general su compromiso no quiere ir más allá de ayudar a una paciente o a una pareja a formar su propia familia. La cultura y mentalidad actuales no están preparada para asumir compromisos mayores y la incertidumbre de los donantes puede suponer un gran freno. 

Para las familias la cuestión del anonimato también es algo que les preocupa. Generalmente están muy agradecidas a los donantes pero no quieren mayor implicación. En el caso de familias, sean de diferente o del mismo sexo, los roles familiares están creados y en el caso de madres solteras por elección han decidido criar solas y no se necesita añadir una persona más a la ecuación. 

Algunas familias piensan que con tener la información que aparece en un test de portadores cuentan con todos los datos que necesitan sobre el donante. Otras no ven mal sin embargo que la identidad de los donantes esté a disposición de los hijos cumplida la mayoría de edad. En general la mayor preocupación es la potencial disminución de donantes

En cuanto a los hijos algunos sí que desearían conocer la identidad de sus padres biológicos, un concepto que es muchísimo más restringido que en el caso de niños adoptados. Al fin y al cabo no se ha tenido contacto con ellos en ningún caso y la única influencia que puede tener en su vida es la puramente genética.  Para otros sin embargo es un dato completamente irrelevante. Aunque faltan muchos estudios parece que los que se han hecho hasta la fecha apuntan a que el malestar por desconocer sus orígenes es mayor cuanto más adultos hayan conocido la noticia. En cambio los niños a quienes se informa con naturalidad de más pequeños tienen menos necesidad de conocer al donante. 

En todo caso no es una cuestión sencilla y todavía hay mucho que debatir. Veremos hacia dónde evolucionan las legislaciones y si efectivamente el anonimato deja de existir o no. 

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